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9 de octubre de 2026 · 3 min de lectura · ComparoSeguro

De los barcos a tu celular: una breve historia del seguro en 6 momentos

Mercaderes que repartían su carga, un café en Londres, un gran incendio y una tabla de mortalidad. Seis momentos que explican por qué los seguros funcionan como funcionan hoy.

El seguro parece un invento moderno de oficinas y pólizas. En realidad, la idea es casi tan vieja como el comercio: repartir entre muchos un riesgo que uno solo no puede cargar. Estos son seis momentos de esa historia. Algunos están muy bien documentados y otros son relatos tradicionales que se repiten en los libros de historia económica; te decimos cuál es cuál.


1. Repartir la carga

Se suele contar que, hace miles de años, los mercaderes que transportaban mercancía por ríos peligrosos repartían su carga entre varias embarcaciones. Si una se hundía, cada uno perdía una parte, no todo.

No había contrato ni prima. Pero ya estaba la idea central: es mejor una pérdida pequeña y segura que el riesgo de una pérdida total.

Lo que queda hoy: la alcancía de los 100 vecinos. Cuando pagas una prima, estás repartiendo tu riesgo con miles de personas.

2. Pagar el entierro

En la antigua Roma existían asociaciones cuyos miembros aportaban cuotas para cubrir los gastos del funeral de quien muriera. Es uno de los antecedentes que más se mencionan del seguro de vida.

Lo que queda hoy: los seguros y planes de gastos finales, con la misma idea de evitarle a la familia un gasto difícil.

3. El contrato por escrito

En los puertos del Mediterráneo de la Edad Media, los comerciantes empezaron a firmar contratos en los que alguien, a cambio de un pago, se comprometía a cubrir la pérdida de un barco o su carga. Se suele citar a ciudades italianas como Génova entre los primeros lugares donde se usaron.

Lo que queda hoy: la póliza, un contrato que dice qué se cubre, por cuánto y a cambio de qué prima.

4. Un café en Londres

A finales del siglo XVII, en un café londinense propiedad de Edward Lloyd, se reunían marinos, comerciantes y personas dispuestas a asegurar barcos. Ahí se compartía información sobre rutas y naufragios. De ese café nació Lloyd's de Londres, que sigue existiendo como mercado de seguros.

Lo que queda hoy: la importancia de la información. Una aseguradora solo puede cobrar un precio justo si conoce bien el riesgo. Por eso te hacen tantas preguntas al cotizar.

5. El gran incendio

En 1666, un incendio destruyó gran parte de Londres. Después del desastre surgieron compañías dedicadas a asegurar casas y edificios contra el fuego, algunas con sus propias brigadas para apagar incendios en los inmuebles que aseguraban.

Lo que queda hoy: el seguro como prevención, además de pago. Muchas aseguradoras de salud hoy ofrecen chequeos preventivos por la misma razón: les conviene que no ocurra el siniestro.

6. Las matemáticas de la vida

En 1693, el astrónomo Edmond Halley, el del cometa, publicó una de las primeras tablas que estimaban cuántas personas de cada edad sobreviven año con año, a partir de registros de una ciudad. Con tablas así, se volvió posible calcular un precio razonable para un seguro de vida según la edad.

Lo que queda hoy: que tu prima suba con la edad no es arbitrario. Viene de esa misma idea: medir el riesgo con estadísticas.


Y ahora: tu celular

Durante siglos, entender y comparar seguros requería un intermediario y mucho papel. Hoy puedes ver en minutos una estimación de lo que cobra cada aseguradora. La idea de fondo es la misma que la de los mercaderes de los ríos; lo que cambió es lo fácil que es informarte antes de decidir.

Compara en gastos médicos, vida o ahorro: unos minutos de información, igual que en el café de Lloyd, pero sin salir de casa.